lunes, 10 de noviembre de 2008

Fiestas del Sant Crist de Balaguer


Este pasado fin de semana han sido las fiestas de mi pueblo, Balaguer, en honor del
Sant Crist , santo del que me confieso ferviente devota.
Balaguer en realidad no es mi pueblo natal, ya que mi familia y yo nos trasladamos alli cuando yo tenía 5 años desde un pueblecito muy pequeñito situado sólo a 12 km.
La relación que tengo con esta ciudad es rara... bueno, seguramente tenga que ver con este sentimiento mío de desarraigo que hace que no me sienta 100% de ningún sitio: de mi pueblecito no, porque me marché de allí con 5 años; de Balaguer no, porque no nací allí y siempre me he sentido en el fondo un poco forastera; de Zaragoza tampoco, porque llevo unos años viviendo aqui pero no acabo de identificarme con el espíritu aragonés... en fin, que soy un poco Juan sin tierra, como si buscara un sitio de referencia de donde me sintiera realmente orgullosa de pertenecer pero no consigo encontrarlo.
Lo que contaba de las fiestas de Balaguer es que si puedo procuro no faltar ningún año a la cita; no ya por la marcha nocturna que, todo hay que decirlo, nunca ha sido algo destacable en este pueblo, sino por el ambiente festivo que se respira por la calle.
Estas fiestas, junto con las de navidad, son días en los que la mayoría de los que nos hemos ido a vivir fuera, volvemos a casa a visitar a nuestras familias y amigos.Eso hace que año tras año, los paseos por la plaza o por las ferias me deparen alguna sorpresa al reencontrarme con gente a la que hace siglos que no veo.Esto debe ser ya cosa de la edad, pero verdaderamente me encanta ir reconociendo en esas caras de padres que empujan carritos o madres que llevan niños de la mano, a antiguos compañer@s del cole o a aquellos mozalbetes con los que pásabamos aquellas tardes de domingo tonteando en el paseo.
Este año la sorpresa ha sido Gloria, una chica algo más joven que yo y que hacía poco más de 20 años que no había vuelto a ver; que se acercara a saludarme fue toda una sorpresa puesto que yo no la había reconocido, pero lo realmente difícil ( y preocupante!) fue de pronto tener que hacer un titánico esfuerzo por recordar aquella época, los amigos comunes que teníamos y tantas otras cosas que me hicieron darme cuenta de cuanto ha llovido desde entonces y de que la habitación de los recuerdos de mi cabeza cada vez necesita más espacio.

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